
Un día soleado de otoño, fui al parque en donde hacia ya un par de semanas había ido con él. Me senté en ese banco de madera, donde nos habíamos sentado la última vez, y recordé la adrenalina que se provocó en mi interior. Esa noche era lluviosa, y no había sido de las mejores. Él estaba distante y hablaba poco, sabía que algo pasaba. Cuando me abrazó, sentí sus manos frías en mis brazos y la tensión en el aire y confirmé mis sospechas, él ya no me quería como antes. Por eso, le di ese beso de despedida, y me fui caminando antes de que mi máscara de "todo esta bien" se caiga y vea en realidad cuál era mi expresión. Todavía recordando su mirada, caminé con mi orgullo y la compañía de una llovizna agradable; quién sabe adonde? caminé sin rumbo alguno, y acabé nuevamente, esta tarde soleada de otoño, sentada en este banco.
Original Jimees.
No hay comentarios:
Publicar un comentario